100 días de gobierno: Dilma Rousseff supera a Lula da Silva

11 Abr

La primera mujer presidenta de Brasil  –quien nunca había ejercido un cargo de elección popular- ha mostrado varias señales de independencia de su ex jefe y mentor político

El 73% de los brasileños aprobó los primeros tres meses de gestión de la mandataria

Cuando Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente más popular en la historia de Brasil, decidió nombrar a su entonces jefa de gabinete, Dilma Rousseff, como su sucesora y delfina política al final de su segundo y último mandato, muchos creían que la elegida sería apenas una marioneta del líder.

Pero al cumplirse 100 días de haberse convertido en la primera mujer que gobierna la economía más grande de América Latina, Rousseff parece haber convencido a los brasileños de que no es ningún títere político.

Una encuesta dada a conocer por el Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (Ibope), muestra un fuerte respaldo a la gestión de Dilma, como es conocida en el país.

El 73% de los brasileños aprobó sus primeros tres meses de gestión. La cifra es superior a la que alcanzó Lula en abril de 2007, en los primeros meses de su segundo gobierno: entonces el 62% de la ciudadanía le dio su visto bueno.

Rousseff no logró alcanzar la popularidad que tuvo Lula al comienzo de su primer mandato, en marzo 2003 (75%), pero su buen desempeño fue suficiente para demostrar su capacidad para gobernar, según la conclusión de muchos analistas.

Independencia

En estos 100 días la ex ministra –quien nunca había ejercido un cargo de elección popular- mostró varias señales de independencia de su ex jefe y mentor político.

Por ejemplo, durante la histórica visita que realizó a Brasil el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en marzo, llamó la atención la ausencia de Lula.

“Yo no podría volver a Itamaraty (el Ministerio de Relaciones Exteriores) dos meses y medio después de dejar el gobierno; si no, estaría compitiendo con nuestra presidente, no tendría sentido, no tendría lógica”, justificó el ex mandatario, pocos días después.

Otra divergencia notable fue la decisión de Rousseff de apoyar la creación de una auditoría de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para analizar la situación de los derechos humanos en Irán.

El polémico líder de ese país, Mahmud Ahmadinejad, visitó a Lula a finales de 2009, y fue públicamente respaldado por el brasileño en su afán por desarrollar un programa nuclear propio.

Diferencias

Las diferencias entre Lula y Dilma van más allá de la política exterior de Brasil.

Muchos observadores resaltan lo contrapuestos que son los estilos de ambos líderes: mientras que Lula era un gobernante carismático y relajado, Rousseff es famosa por ser una tecnócrata eficiente y organizada.

Otra diferencia es la relación con los medios: Lula siempre cuestionó al establishment de la prensa, basado en Sao Paulo, que se mostró crítico con algunos aspectos de su gestión, en especial con las acusaciones de corrupción que rodearon a su gobierno.

En cambio, Dilma se ha acercado más a la prensa, resaltando que “un gobierno debe saber convivir con las críticas de los diarios para tener un compromiso real con la democracia”.

La mandataria brasileña también anunció que impulsará un proyecto para que se instalé una Comisión de la Verdad que investigue las violaciones a los derechos humanos ocurridas en el gobierno militar entre 1964 y 1985. Algo, que la deslinda de la política llevada por el gobierno anterior.

El paso tiene aún más significado, porque Rousseff fue una detenida política en aquel entonces e incluso sufrió torturas en la cárcel.

Transición

También en la economía, la delfina de Lula marcó su propio rumbo. No bien asumió implementó un fuerte recorte fiscal, que la enfrentó con los sindicatos e incluso con sus aliados políticos.

Para el analista internacional Federico Merke, ese ajuste era necesario y fue una “cuenta pendiente” que le dejó Lula a su sucesora.

No obstante, Merke resaltó que la personalidad de Rousseff -apodada hace muchos años la “Dama de Hierro” de Brasil- “es mucho más adecuada” para liderar ese tipo de iniciativa.

Para el experto, hará falta que pase al menos un año antes de que pueda realmente evaluarse el trabajo de la primera presidenta de Brasil.

“Dilma aún atraviesa un período de transición entre la herencia de Lula y la proyección de sus propios estilos y contenidos”, señaló.

Sin embargo, Merke consideró que estos “simbólicos” 100 primeros días han sido suficientes para ver que la heredera de Lula “no es una marioneta” y tiene “diferencias con el modelo político y económico de su antecesor”.

 

Fuente: Externa

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