ABC: Estandarte del periodismo moderno

20 Feb

Innovación tecnológica, solidez intelectual y excelencia literaria: las bases de un proyecto de referencia en la prensa española

 

Desde 1903 el diario español ABC sigue su marcha con la misma impronta que le dio su fundador Don Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio

Antes de convertirse en clásico de referencia de la prensa española, seña de identidad inseparable de nuestra Historia contemporánea, ABC irrumpió en el periodismo como un huracán de renovación que transformó el panorama editorial de principios del siglo XX. Inspirado por los modelos que había visto de cerca en Europa, sobre todo en Alemania, Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio alumbró su creación periodística como un impulso de modernidad hasta entonces desconocido en la Península. Innovación tecnológica, solidez intelectual, moderación política y excelencia literaria: bajo estas cuatro premisas se desarrolló el proyecto que desde 1903 ha mantenido los principios fundacionales a lo largo de más de cien años de presencia en la vida de España.

Desde su aparición como semanario, ABC presentó unas características que permitían reconocerlo como un producto inédito. A primera vista, el peculiar formato y un potente despliegue gráfico e ilustrador le conferían un intenso dinamismo visual en contraste con la cargada tipografía de la época. El énfasis en la calidad de las firmas y la renovación del lenguaje acuñaron pronto una imagen de marca que consolidó el rápido prestigio de la publicación. Luca de Tena fundamentó su proyecto con una visión empresarial e industrial de intensa vocación renovadora; las de Prensa Española no sólo fueron las instalaciones periodísticas e impresoras más relevantes de aquel momento, sino que dieron vida además de a ABC a una serie de publicaciones y revistas punteras en el mercado editorial. Don Torcuato —como se le conoce en esta Casa cuyas sedes de Madrid y Sevilla preside un busto suyo— supo imprimir a su actividad emprendedora el sello de los magnates de la prensa que, como Adolf Ochs en la elegante Dama Gris de Nueva York, empezaban a desarrollar un estilo de referencia: periódicos imprescindibles en la formación de unas élites intelectuales burguesas dispuestas a asumir el protagonismo social del incipiente siglo.

La apuesta gráfica de ABC, cimentada en la modernidad de sus rotativas, se abrió paso de forma inmediata y fue la clave del éxito fulgurante del periódico. Se trataba de un modelo basado en un esfuerzo industrial continuo por la incorporación de las tecnologías más recientes —el huecograbado fue estrenado en 1915—, acompañado de un criterio de excelencia gráfica que resultó esencial para el desarrollo del fotoperiodismo español, entendido por primera vez no sólo como complemento de los textos sino como un valor informativo en sí mismo. A partir de 1908, el periódico incorporó una de sus señas de identidad esenciales durante casi cien años: la portada de fotografía única. Tildado despectivamente en sus comienzos de «periódico de monos» por su abundancia de ilustraciones, a ABC corresponde el honor de haber publicado la primera exclusiva gráfica de la prensa española: el atentado contra Alfonso XIII el día de su boda, en 1906. Blanco y Negro, la revista hermana, dio a la imprenta la primera fotografía en color de nuestro periodismo, en febrero de 1912. Dos meses más tarde, en la portada del diario aparecía como ilustración-cartel un mapa narrativo del hundimiento del «Titanic», considerado unos de los primeros y más lucidos precedentes de la moderna infografía que constan en el periodismo español.

La apuesta gráfica de ABC, cimentada en la modernidad de sus rotativas, se abrió paso de forma inmediata y fue la clave del éxito fulgurante del periódico. Se trataba de un modelo basado en un esfuerzo industrial continuo por la incorporación de las tecnologías más recientes —el huecograbado fue estrenado en 1915—, acompañado de un criterio de excelencia gráfica que resultó esencial para el desarrollo del fotoperiodismo español, entendido por primera vez no sólo como complemento de los textos sino como un valor informativo en sí mismo. A partir de 1908, el periódico incorporó una de sus señas de identidad esenciales durante casi cien años: la portada de fotografía única. Tildado despectivamente en sus comienzos de «periódico de monos» por su abundancia de ilustraciones, a ABC corresponde el honor de haber publicado la primera exclusiva gráfica de la prensa española: el atentado contra Alfonso XIII el día de su boda, en 1906. Blanco y Negro, la revista hermana, dio a la imprenta la primera fotografía en color de nuestro periodismo, en febrero de 1912. Dos meses más tarde, en la portada del diario aparecía como ilustración-cartel un mapa narrativo del hundimiento del «Titanic», considerado unos de los primeros y más lucidos precedentes de la moderna infografía que constan en el periodismo español.

Ese esfuerzo renovador que cimentó las bases del proyecto de don Torcuato, y que se ha mantenido constante hasta hoy con la incorporación del periodismo electrónico, fue acompañado desde los inicios de la publicación por un intenso brío intelectual que llevó a las páginas de ABC a los mejores escritores y cronistas del momento. Desde las escenas parlamentarias de Azorín a las reflexiones politicofilosóficas de D’Ors, Pérez de Ayala y otras grandes firmas del primer cuarto de siglo XX, el diario se convirtió en elemento de referencia del pensamiento moderado e institucionalista español, que el fundador consideraba prioritario en su concepto periodístico. «Se equivocan —escribió— los que piensan que se puede fundar y sostener un gran periódico sin más objetivo que el negocio», escribió como epítome de su vocación editorial al servicio de un proyecto de sociedad: liberal, monárquico, estable y plural. Junto a los maestros pensadores de la época y a una pléyade de escritores que de inmediato consagraron a ABC como plataforma de excelencia literaria, el periódico reunió a los más consagrados periodistas del momento —en el campo político, económico, social y taurino— y estableció bien pronto una red de corresponsales en las principales capitales del mundo. Periodismo moderno, pues: el más moderno de su tiempo, base prácticamente intacta del periodismo actual.

Más de un siglo después, en pleno desarrollo de la sociedad de la comunicación, ese modelo continúa vigente a través del avance tecnológico que suponen las nuevas tecnologías. El periodismo electrónico, las redacciones multimedia, la incorporación on line de los formatos audiovisuales, la interconexión con las redes sociales, son fórmulas herederas de aquel sueño visionario que implantó en España un modo de concebir el oficio periodístico como una actividad multidisciplinar adaptada a los usos sociales más actualizados. Ésa fue la imagen de marca que don Torcuato creó hace once décadas en torno a unas simples siglas alfabéticas que se han convertido en referencia de calidad en la prensa española y europea. El abecé y estandarte del periodismo moderno.

150 años del fundador

EL día 21 de febrero de 1861 nació en Sevilla don Torcuato Luca de Tena, fundador de ABC y de «Blanco y Negro». Ciento cincuenta años nos separan de aquella fecha que se nos antoja lejanísima: reinado de Isabel II, la revolución de 1868 o «La gloriosa», el efímero reinado de Don Amadeo, la primera República, su derrumbe, la restauración de la Monarquía alfonsina, la dictadura de Primo de Rivera. Todo este abanico de sucesos políticos se suceden solo en la vida de don Torcuato, un hombre que a los ojos de hoy muere joven —68 años— y que en su época —1929— ya se nos antoja por las fotografías un anciano venerable. Lo asombroso era el imperio periodístico que dejaba con una cabecera, ABC, imprescindible en el mundo informativo español e hispanoamericano cuando aún quedaban tantos sucesos —y tan graves— por aparecer en la vida nacional española: la II República, con sus persecuciones al periódico, los secuestros del diario, la Guerra Civil —cuando, por azares de la vida, fue el único periódico que salió con la misma cabecera en las dos zonas en guerra—, los cuarenta años del franquismo, la Transición y, en fin, la restauración monárquica en la persona de Don Juan Carlos de Borbón y su dilatado periodo de paz y democracia que llega a nuestros días.

Pero lo que impresiona y conmueve es contemplar hoy la labor de aquel joven empresario sevillano que sueña con una empresa periodística y que esa empresa sigue viva, gozando de buena salud, en medio de una de las crisis económicas más fuertes que se han conocido en la historia y codeándose con los más sofisticados y asombrosos métodos de edición. En la época de internet y de las distintas clases de «i-phone» o «ipad», el diario ABC sigue su marcha con la misma impronta que le dio su fundador.

Porque lo que parece claro es que don Torcuato tiene desde su más tierna infancia una doble dualidad que le marcará su vida toda: un profundo sentido empresarial y lo que llamamos en la profesión «el gusanillo del Periodismo». Por eso lo vemos a los catorce años estudiando en el Instituto de San Isidro en Madrid, donde entabla amistad con Luis Romea y se embarcan a esa edad a fundar un periodiquito llamado «La Educación». Don Torcuato, con el gracejo andaluz que tuvo siempre, recordaba: «Pedimos el cambio a algunos periódicos de provincias. “El Papamoscas”, de Burgos, lo estableció y hasta nos dedicó un suelto, en el que decía que el semanario debía llamarse “La Lactancia” en vez de “La Educación”. No hay que contar la irritación que el caso produjo entre los jóvenes redactores». Pero a él le quedó el «gusanillo»…

D Años más tarde, en 1879, fija definitivamente su residencia en Madrid para representar los negocios familiares de Sevilla. Se mueve con soltura: conoce a políticos y escritores, viaja por toda Europa. Tiene la amistad de Sagasta, Canalejas y otros dirigentes del Partido Liberal. Lo tientan con la política, pero… 1890 será un año decisivo en su vida. El 2 de julio se casa con doña Esperanza García de Torres y un par de meses más tarde viaja con Luis Romea a Múnich para estudiar la organización artística e industrial de la revista «Fliegende Blätter». De regreso a Madrid es cuando se produce la escena tantas veces narrada del Círculo de Bellas Artes. Lo cuenta así el propio don Torcuato: «Conversando con varios pintores jóvenes me lamenté de que no se hiciera en España algo análogo… Me replicaron que aquí sobraban artistas para publicar un periódico ilustrado, pero hacían falta editores. Pues yo seré ese editor, contesté. Y aquel mismo día quedó decidida la publicación de “Blanco y Negro”». El sueño anhelado desde los catorce años se hacía realidad. Ahora comenzaba una de las aventuras empresariales más arriesgadas. Con «ByN» ensalzó la crónica breve, el cuento, el poema, con magníficas ilustraciones. Era un producto pensado para entretener y divertir honestamente. Un feliz equilibrio entre imágenes y palabras. Había que abrir a los lectores los salones palaciegos, los acontecimientos sociales, los estrenos teatrales, los últimos deportes. Nada de crónicas aburridas, textos cortos; imágenes con «glamour», los vestidos de la Reina, los sombreros de las actrices de moda, los toreros de cartel, los concursos hípicos. Ese era el nuevo periodismo. «Ha sido un hijo agradecido», dirá don Torcuato cuando al comenzar el siglo XX la revista alcance los ochenta mil ejemplares de tirada. Tan hijo agradecido que de un capital de cuatro mil pesetas y una imprenta alquilada se pasó a construir el palacete de la calle de Serrano con nuevas y magníficas maquinarias traídas de Alemania y aquellas naves, «como un trasatlántico», dispuestas al gran sueño: sacar ABC.

José Cuartero, un magnífico periodista anónimo de ABC, al que entregó toda su vida, autor del célebre editorial del 15 de abril de 1931, el del «seguimos y permaneceremos donde estábamos», dijo que la salida de ABC se perfiló como una gran operación militar. Hasta se hacen —impensable en 1903— números de ensayo. Semanal primero, bisemanal después, todo tenía que salir a la perfección. Es curioso: don Torcuato, que no era escritor, pero sí periodista, dejó trazada desde el primer momento una especie de línea editorial de lo que quería que fuera ideológicamente ABC. Asombra ver que, ciento ocho años después, esas líneas maestras del pensamiento liberal-conservador sigan vigentes: la defensa de la Corona, la unidad de España, el respeto a la Iglesia católica y al Ejército, la economía libre de mercado, la búsqueda de la excelencia allí donde estuviere, la pasión por la información gráfica, la necesidad de prescindir de simpatías personales a la hora de enjuiciar un problema político. Y quería los mejores colaboradores, fueran de la ideología que fueran, se llamaran Juan Ramón Jiménez, Azorín, Maeztu, Blasco Ibáñez o Manuel Machado… Sin contar con el acierto del formato y de la grapa, que todo hay que decirlo. Como escribió Wenceslao Fernández Flórez, «en España, en todo lo que alcanza la visión del pasado y del presente, no ha habido ni hay un creador de periódico a su altura».

Don Torcuato, aquel sevillano de genio vivo y marcado acento andaluz, lo supervisaba todo, meditaba sus iniciativas, viajaba constantemente a Europa —sobre todo a Alemania— para traer las últimas tecnologías, modernizó el periodismo español como nunca antes se había hecho. Por no faltarle redaños, hasta se presentó en las Ramblas de Barcelona a vocear el periódico cuando el separatismo rampante bañó de sangre la Semana Trágica de 1909. Y con el mismo temple rechazó por dos veces las carteras ministeriales que se le ofrecieron. «Firme como el acero y claro como el diamante», lo definió Azorín.

Sintiendo cercana la muerte redactó su propia esquela, resumiendo sus títulos en esta sola palabra: Periodista. En el margen de la cuartilla donde la dibujó, subrayó: «No poner excelencias, cruces, senador vitalicio, etcétera».

Murió en Madrid el 15 de abril de 1929. Rafael Sánchez Mazas contó así sus minutos finales: «Al cerrar los ojos cristianos, tú fuiste, Sevilla, su último dulce sueño terrenal. ¿Sabes cómo hasta la última hora soñaba tu Giralda y tus jardines?». Pero esto apenas se conoce.

ABC en todos los formatos

iPhone y Android: Aplicaciones propias

El acceso a la información y los servicios que ofrecen los periódicos desde teléfonos móviles inteligentes es la gran tendencia que revoluciona nuestras vidas, y la forma en que la prensa llega a sus lectores. ABC cuenta con dos exitosas aplicaciones para los sistemas operativos más populares, Android de Google y Iphone de Apple, modelo en que la de ABC es la única aplicación en enviar alertas informativas al usuario.

iPad: Primeros en el mercado

ABC fue el primer diario español en ofrecer a sus lectores una aplicación para iPad. En abril del año pasado, ABC sacó, coincidiendo con la llegada de la tableta de Apple al mercado estadounidense, la primera versión de su aplicación para iPad. Es gratuita por ahora, y desde entonces ha sido rediseñada y mejorada en versiones sucesivas para mayor comodidad de sus lectores.

Internet: Una nueva web

En junio de 2010, ABC sacó a la calle un rediseño integral de su edición impresa y de su portal de noticias. Desde entonces, ABC.es se sitúa a la cabeza del mercado en facilidad de navegación y actualización de las noticias de última hora. Con formatos únicos de visualización de vídeos e imágenes y secciones nuevas como Estilo, Ciencia y Tecnología, la web abc.es es el portal español de noticias que más ha crecido en audiencia.

Redes sociales: Abiertos a los usuarios

Más de 30.000 fans hacen de la comunidad en Facebook de ABC una de las más dinámicas de la prensa española. La difusión y mejora de los contenidos y la interacción entre periodistas y lectores que permiten las redes sociales han acercado como nunca al staff de esemedio con sus lectores. ABC.es es además un portal abierto a los comentarios de los usuarios, y desde Twitter participa en la gran conversación global en la que circulan nuestras informaciones y opiniones.

 

Fuente: abc.es

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