VENEZUELA: Dinero, petróleo y críticas en alianza con China

21 dic

Analistas afirman que la generosidad de Pekín se debe a que, tal como están diseñados los instrumentos de crédito con Caracas, el ciclo del dinero les favorece

La oposición venezolana objeta el esquema de intercambio

Cada vez que Pekín hace girar el engranaje de sus préstamos a Caracas, miles de barriles de crudo son despachados a Asia, toneladas de bienes llegan a Sudamérica y se crean decenas de empresas como parte de un aceitado mecanismo que otorga millones de dólares al Gobierno de Hugo Chávez y grandes beneficios al gigante oriental.

Los chinos no llegaron al país de la mano de Chávez. Su incursión comenzó una década antes pero, bajo el paraguas de una cercana vinculación ideológica, ha florecido una estrecha relación comercial en los últimos años hasta convertir a la nación asiática en su segundo socio, después de Estados Unidos.

Esa cercanía le ha permitido al Gobierno venezolano, que tiene una alta exigencia de recursos, recibir más de 40,000 millones de dólares en créditos de instituciones chinas desde 2007, la mayor parte de ellos a cambio del anhelado petróleo que requiere la segunda mayor economía del mundo.

Ese monto es apenas una fracción de los 116,000 millones de dólares que en total Chávez habría solicitado a su socio, según documentos filtrados por la oposición.

“Es muy poca plata para ellos. China tiene pocos lugares en el mundo donde invertir en grande”, dijo a Reuters Pedro Mario Burelli, ex director de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA).

El dinero chino se ha gastado en las populares “misiones” sociales del Gobierno, uno de los puntales de la popularidad de Chávez; ha permitido acometer obras de infraestructura, fundar empresas de capital mixto y financiar importaciones y grandes proyectos petroleros.

Miles de venezolanos hacen largos peregrinajes para adquirir electrodomésticos, teléfonos o automóviles chinos subvencionados por el Gobierno, compras que alimentan el complicado sistema de transferencias de dinero de Pekín a Caracas.

Mientras el dinero parece fluir a borbotones, la oposición denuncia la opacidad del mecanismo, que crea atajos fiscales, multiplica la deuda pública y obliga al país a enviar a China uno de cada cinco barriles que exporta, comprometiendo la caja de la petrolera estatal PDVSA.

“Los recursos (…) están siendo utilizados para dar oxígeno a un Estado cada vez más hipertrofiado”, dijo la firma Ecoanalítica en un reporte haciendo referencia al uso del dinero chino para soportar el creciente gasto público, sin ningún tipo de vigilancia, en detrimento de la inversión.

El circulo 

Analistas coinciden en afirmar que la generosidad de China se debe a que, tal como están diseñados los instrumentos de crédito con Venezuela, el ciclo del dinero les favorece.

“Las relaciones con China son maravillosas desde todos los puntos de vista (…) Vamos a seguir fortaleciéndolas. Hemos hecho un plan de las relaciones China-Venezuela para los próximos 20 años”, dijo Chávez este mes en defensa del pacto.

El Banco de Desarrollo de China (BDC) le presta dinero al Gobierno venezolano a cambio de petróleo, que es recibido por China National Petroleum Corporation (CNPC) bajo un precio fijo convenido.

CNPC abona los barriles a precio de mercado al BDC. Un parte de ese dinero se usa para pagar los intereses y el servicio de deuda y la otra -el excedente entre el precio convenido y el precio real- queda a disposición del país sudamericano.

De esa manera, China asegura que no habrá impago y parte del dinero nunca sale de ese país.

Además, desde 2010 China ha estado entregando parte de los créditos convenidos en su propia moneda convertible, el renminbí (RMB), lo que obliga a Caracas a utilizar ese capital para pagar importaciones de productos chinos y servicios prestados por firmas chinas. Ese dinero también termina en suelo asiático.

En un entorno de inseguridad jurídica tras cientos de nacionalizaciones, China respaldó cada uno de sus instrumentos de crédito con cláusulas que le permiten acudir al Centro de Arbitraje Internacional de Singapur, una excepción en la norma de Chávez de dirimir las controversias en su territorio.

“Hermanos¨

En la ensambladora de motos Keeway Empire, una sociedad de capital mixto venezolano-chino ubicada a las afueras de Caracas, ya casi no queda personal asiático en el área de producción, tres años después de su inauguración en 2008.

El ruido de los atornilladores eléctricos y los motores se mezcla con el ritmo desenfrenado de un tropel de obreros que montan, atornillan, aprietan, ajustan y chequean sin descuidarse un segundo para terminar una moto por minuto.

Apenas en lugares estratégicos, algunos chinos supervisan la calidad del producto y llevan las riendas del equipo técnico, al que van a parar las motos que no quieren encender.

José Ricardo Páez, director general de la filial en Venezuela del consorcio estatal Quianjang Keeway, dijo que la primera etapa de transferencia tecnológica concluyó exitosamente con el adiestramiento de más de 800 trabajadores locales por parte de los chinos que ayudaron a fundar la sociedad.

Ahora comienza la segunda fase, según la cual Keeway Empire planea asegurar que los principales componentes de las motocicletas también sean producidos en suelo local.

La garantía de estabilidad jurídica y la fluidez de dólares para importar al tipo de cambio oficial de 4,3 bolívares por dólar -la mitad de lo que vale un dólar en el mercado negro- le dan ventajas a empresas como Keeway Empire frente a competidores que deben lidiar con huelgas, amenazas de expropiación o paradas de planta por falta de insumos.

Pero cada una de las decenas de empresas de capital mixto chino-venezolano que se han fundado en la última década en el país ha tenido que enfrentar un duro período de adaptación, pues la diferencia cultural ha traído tropiezos, que se suman a retrasos en las inversiones que aporta el Gobierno de Chávez.

“Al principio nos costó adaptarnos a algunos sistemas de trabajo (…) La cultura china se basa en trabajar sobretiempo, pero en Venezuela está restringido. Sin embargo, se han alcanzado niveles de productividad interesantes”, añadió Páez.

Al final de cada línea de producción en Empire Keeway, una pantalla electrónica les recuerda a los obreros cuántas motos han ensamblado en un día y cuánto falta para alcanzar la meta.

En la filial local de la fabricante de teléfonos Huawei -que ha conformado otras empresas mixtas-, las barreras idiomáticas y el vertiginoso crecimiento de la firma para satisfacer la demanda del Gobierno y la empresa privada hacen difícil la adaptación.

“La dinámica de trabajo es muy agresiva. Reclutamos 300-400 personas al año”, dijo una ejecutiva de la compañía que prefirió el anonimato por no estar autorizada para declarar.

Pese a los obstáculos y a la manifiesta vinculación política entre ambos gobiernos, muchos aseguran que la inversión china en Venezuela está enfocada en el largo plazo.

“El gobierno que sustituya a Chávez no va a poder cortar intempestivamente la relación con China porque para ello tendría que pagar los elevados endeudamientos pendientes”, dijo Burelli, quien puntualizó que el dinero chino no ha terminado en negocios controversiales, como compra de armas.

El candidato opositor que puntea en las encuestas para retar a Chávez en los comicios presidenciales de octubre del 2012, Henrique Capriles, no oculta su admiración por la nación asiática.

“No estamos viendo para Bielorrusia ni para Irán. China también queda lejos, pero la necesitamos (…) Me quito el sombrero con los chinos”, dijo.

-REUTERS-

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